MAYO NOS CONVOCA A SER UN PUEBLO

                                              Alejandro Fernández Barrajón

 

      “A todos los frenteros con la nostalgia de la distancia”

 

 

Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.

               (Anónimo)

   

     Con la llegada de mayo todos los fuenteros sentimos una llamada en la sangre, una sensación de que algo querido se acerca. En efecto, la fiesta de Santa Quiteria no pasa desapercibida para ningún fuentero que se precie. Estemos donde estemos y pensemos como pensemos, algo tiene la fiesta de Santa Quiteria que nos aúna y nos convoca desde el fondo de nosotros mismos. Tal vez sean los recuerdos que se amontonan en la memoria del alma de tantas experiencias de la infancia vividas que dejan una huella indeleble en el corazón. Tal vez. Aquello que ha tejido tu infancia forma parte para siempre de uno mismo y es como una bodega donde se acude a proveerse cuando la vida pasa facturas de desamor o de tristeza.

     Este año el tema de la calle y de la gente es la crisis. La crisis mayor es aquella que nos hace alejarnos de los valores que nos han hecho lo que somos. La crisis más preocupante no es la económica; es la crisis de valores y de sueños que nos sumergen en un conformismo abarrotado de desesperanza. La peor crisis de todas es la que nos aleja de los otros y nos encierra en el materialismo atroz que todo lo compra y lo vende.

     Celebrar la fiesta de Santa Quiteria es algo más que darse un paseíto por la feria y comerse unos churros calientes. Significa recoger el precioso legado de fe y espiritualidad que nos regala Santa Quiteria, con su vida y su martirio, para poder hacer frente a esta crisis inmisericorde que nos toca vivir. Estoy convencido de que el remedio a la crisis lo tenemos en nosotros mismos. Se trata de vivir de otra manera menos materialista y más altruista; se trata de humanizar nuestras relaciones con todos, con los mayores, con los niños, con los enfermos. Se trata de cultivar espacios para el encuentro y el diálogo, para la espiritualidad y la cultura. Se trata de cuidar este entorno maravilloso, que es nuestro pueblo, y que hemos recibido de los mayores, para que sea cada día más hogar. Se trata de que todos colaboremos para crear un ambiente más respirable, más familiar y cercano, menos interesado y más generoso. Un lugar donde nadie se sienta forastero.

       El mayor homenaje a Santa Quiteria que podemos hacerle es la ofrenda de nosotros mismos y de lo mejor que nos acompaña. Yo sueño con que Fuente el Fresno pueda ser una reserva de paz y serenidad, de encuentro y de amor a nuestra raíces, de sencillez y de belleza. De todos depende. Santa Quiteria nos interpela y nos anima a vivir cultivando el bien y regalando generosidad como ella hizo.

 Santa Quiteria es algo más que una hermosa imagen y una dorada carroza. Es una manera de ser y de sentir de un pueblo que, cuando llega mayo, estalla como las flores porque se deja ver en el ánimo de todos. Mayo, tiempo de feria, tiempo de encuentro, tiempo de fiesta, tiempo de rebuscar en la faltriquera del corazón para que no se pierda lo que es verdaderamente esencial. Mayo, tiempo de Ella, de ella…