Alejandro Fernández Barrajón.
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Acabo de leer la novela de ficción “La orden del Temple” de Raymond Khoury. Ahora se les llama a este tipo de novelas “históricas” y están de moda, aunque de historia sólo tengan la disculpa imprescindible para exaltar la imaginación y trasladarnos al mundo de la fantasía. Pero estas novelas “históricas” no están exentas de un compromiso ideológico que quieren trasmitir a cualquier precio. No son novelas inocentes y desinteresadas están al servicio de un argumento ideológico clarísimo. Todos hemos oído hablar de “El código Da Vinci”, de Dan Brown, o de Ángeles y Demonios” del mismo autor. Obras disfrazadas de históricas que simplemente pretenden apuntarse a los “best sellers” apoyadas por una impresionante maquinaria publicitaria y económica y de paso intentan convencernos de misteriosos complots religiosos que han querido engañarnos durante siglos y que ahora, gracias a la investigación de Dan Brown o de Raymond khoury, los nuevos salvadores, hemos conseguido desmantelar para tranquilidad de todos. La cuestión es desacreditar al cristianismo sea como sea, bien acostando a Jesús de Nazaret con María Magdalena o bien descubriendo el diario escrito por el mismo Jesús donde se descubre que no es el que era y mucho menos el que nosotros pensamos. Seguimos buscando el Santo Grial, aunque dicen algunos que ya se guarda en Valencia. En esta línea va también la obra de Raymond Khoury, La Orden del Temple, que acabo de leer. Una novela que está entre las más vendidas en este momento en España. Su argumento acaba siendo mesiánico. El cristianismo ha sido una mentira histórica desde sus orígenes que nos ha tenido cegados a los miles de millones de cristianos que en este mundo han sido, incluidos los grandes sabios como San agustín, Tomás de Aquino o Teresa de Jesús, pero al fin, por el trabajo investigador de Raymond Khoury, hemos descubierto la verdad y ya estamos liberados de las tinieblas del cristianismo. Argumentos de risa que consiguen, sin embargo, llegar a los lectores y multiplicar sus ventas y ganancias de manera impresionante. Es decir que toda la grandeza cultural que el cristianismo ha hecho posible y que se descubre en la iconografía del Museo del Prado, en las catedrales españolas que atraen a medio mundo, en nuestros clásicos del siglo de Oro, en la polifonía de nuestros mejores compositores, en los autos sacramentales que dan origen al teatro español, en nuestros mejores pensadores y filósofos, en las más arraigadas tradiciones culturales y religiosas de nuestros pueblos, se debe únicamente a una gran metira. |
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Están de moda los complots turcos y el recurso a la Edad Media, para ambientar los argumentos de las novelas de actualidad. Pues bien, metidos en estas tramas bélicas y misteriosas, llenas de enigmas y de confrontaciones bélicas, me he sorprendido esta mañana, cuando mi amigo Fernando Izquierdo, el webmaster de la página del pueblo, me ha dicho que ha sufrido un ataque virtual de un turco dirigida a la página Web del pueblo. ¡No me lo podía creer! Parecía un argumento más de estos que están de moda en las novelas super ventas. Pero no. Ha sido un ataque real, de un turco que odia la civilización cristiana y ha pensado que una manera de atacarla es desmantelando el foro de la página web del pueblo. Así me lo ha contando Fernando, que, a su vez, se ha puesto en contacto con ese turco a través del MSN, y se lo ha confesado con pelos y señales. ¡Nos atacan los turcos, amigos fuenteros! Somos el objetivo directo de un turco que odia nuestra civilización cristiana y quiere declararnos la guerra virtual. Precisamente ahora que nosotros estábamos pensando en apoyar la entrada de Turquía en la Unión Europea. Ahora que los españoles estamos defendiendo la Alianza de Civilizaciones. Ahora que los cristianos estamos apostando por el diálogo y por la paz y desmarcándonos de cruzadas y guerras, ya sea en Irán, en Líbano o en Afganistán. Ahora que estamos concediendo libertad de culto y hasta subvenciones a las comunidades musulmanas para que puedan disfrutar de libertad de culto en nuestro país, aunque a los cristianos nos resulta imposiblen obtener lo mismo en los países musulmanes. Ahora que estamos retirando las imágenes de Santiago matamoros de nuestras iglesias por respeto a todas las culturas. Precisamente ahora un turco nos ataca de manera virtual porque odia nuestra civilización cristiana. Tal vez quiera darnos el argumento de una nueva novela histórica de esas que llegan a ser best sellers. Tal vez. Pero me parece a mí que los hombres y mujeres de la actualidad no estamos por la labor de declarar la guerra, ni siquiera virtual, a ningún turco, por mucho que él se empeñe en declarárnosla. Aunque ataque nuestra página web y diga que odia la civilización cristiana. Nosotros no odiamos la civilización musulmana. Más bien apostamos por la convivencia y por el encuentro de culturas, por el diálogo y la democracia. No avanzamos cuando nos declaramos la guerra unos a otros sino cuando construimos la paz. La presencia de tantos inmigrantes entre nosotros en los últimos años, ya sean musulmanes, rumanos o iberoamericanos, no son un peligro para nosotros sino una riqueza, y el gran reto que tenemos en la actualidad es afianzar la convivencia y acoger a todos los que respetan los valores occidentales y desean construir su futuro junto a nosotros. Por tanto, amigo turco, que has declarado la guerra a la página Web de Fuente el Fresno, debes saber que no aceptamos tu envite, que no queremos responder a tu ataque, que no odiamos tu civilización sino que más bien la valoramos y apoyamos, que no queremos ponernos contra ti sino a tu lado. Por supuesto que nuestro amigo Fernando hará lo posible por mejorar el sistema de la web para evitar que metas en ella un caballo de Troya que nos destroce desde dentro nuestra página, lugar de encuentro de todos los fuenteros. Pero no lo haremos contra ti sino a favor de nosotros. Y de paso, amigo turco que odia nuestra civilización, te invitamos a visitar nuestro pueblo. Este pueblo que tú ya conoces a través de la web fuenteelfresno.com y que has querido destruir. Tal vez te asombres -¡y mucho!- al descubrir que en este pequeño pueblo manchego sólo hay gentes de paz y no enemigos virtuales como tú imaginas. Nuestro Don Quijote veía gigantes donde había sólo molinos; tal vez tú veas enemigos donde sólo hay amigos. Pero, en fin, cada uno es libre, como el Hidalgo manchego, de escoger la locura que más le convenga. |
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