Intervención
del Presidente padre Alejandro Fernández
Barrajón
INAUGURACIÓN DEL CURSO
EN LA CONFERENCIA
ESPAÑOLA DE RELIGIOSOS
(CONFER)
Comenzar es
siempre un desafío y una oportunidad. El
nuevo curso de CONFER nos convoca a animar y
a servir
la Vida Religiosa española
sin nostalgias y sin baja autoestima.
Nuestro tiempo es el presente y desde él
queremos situamos con lucidez y valentía
para ofrecer símbolos y referencias de una
vida alternativa y consagrada, mística y
profética, que consiga encender el
entusiasmo por seguir a Jesús desde una
opción preferencial por los jóvenes y por
los pobres.
Los
religiosos y religiosas no lo somos para la
sacristía y el incienso. Lo somos para
nuestro pueblo, para los más alejados, para
los excluidos, para los que habitan las
fronteras cercanas o lejanas que crecen por
doquier por miedo a perder de vista el
estado del bienestar. Nuestros carismas y,
en ellos, el carisma común de la vida
religiosa, no están convocados a sostener
estructuras e instituciones que cada vez
dicen menos a nuestro pueblo; están
convocados a la mística y a la profecía.
Somos signos de que la presencia de Dios ha
de cuidarse y celebrarse, de que no podemos
dejar en el olvido la pregunta por el nombre
de Dios, de que nuestra visión de la
realidad pasa por descubrir un mundo abierto
y trascendente de todos y para todos. Y a la
vez, porque es imposible separar la pregunta
sobre Dios de la pregunta por el hermano,
estamos convocados a la solidaridad sin
apellidos, a las fronteras legales o no, a
los que no han podido asomarse todavía a la
ventana del progreso y de los derechos
humanos y navegan sin rumbo en los cayucos
de la vida hacia costas soñadas y
prohibidas.
Desde aquí
queremos caminar haciendo realidad el marco
referencial que nos hemos trazado para este
trienio: Presencias y resonancias de Dios en
las periferias y fronteras de la vida. Y lo
vamos a hacer conscientes de que una vida
religiosa nueva, renovada, refundada, quiere
abrirse paso y entre todos la vamos a hacer
posible. Y, a la vez, conscientes de que
otro tipo de vida religiosa, profundamente
útil y valiosa en el pasado, tiene el odre
desgastado y no puede contener por mucho
tiempo el vino nuevo de Caná, de la fiesta,
de la alegría. El Congreso de Roma nos ha
animado a cambiar las mentalidades y las
estructuras y en esa tarea nos vamos a
encontrar en los próximos años.
Y queremos
hacerlo, además, contribuyendo poderosamente
a la comunión, porque nuestro carisma como
consagrados sólo es auténtico cuando
construye comunión y apuesta por la unidad.
Comunión con nuestros pastores, con todos,
con otras formas de vida consagrada, con los
laicos con los que compartimos nuestros
carismas y nuestra misión. Y abiertos al
diálogo y al encuentro con todos los grupos
humanos porque nuestro marco referencial
para el trienio 2006-2009 nos pide que
salgamos al encuentro de todos con las
actitudes de Jesús.
Estar
abiertos a todos no quiere decir compartir
los valores de todos. La vida religiosa
tiene su propia personalidad, su propio
espacio en la Iglesia y en la sociedad, y sus acentos y
prioridades carismáticos y sociales a los
que no puede renunciar si quiere ser ella
misma y seguir la invitación de los pastores
para que no deje de ser profética como lo ha
sido siempre: "no han faltado hombres y
mujeres consagrados a Dios que, por un
singular don del Espíritu, han ejercido un
auténtico ministerio profético, hablando a
todos en nombre de Dios, incluso a los
pastores de
la Iglesia" (VC 84)
Desde esta
casa de CONFER la vida religiosa quiere
abrirse paso, con humildad y con audacia,
para llevar a la calle una palabra de
esperanza y ofrecer lo mejor de sí misma al
servicio de los pobres. Y esto no son
palabras. Cada día una legión inmensa de
religiosos y religiosas se levanta dispuesta
a servir en medio de todas las marginaciones
y sufrimientos que acompañan a los hombres y
mujeres de hoy.
Madrid, 14
de Septiembre de 2006