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El Presidente de CONFER explica
algunas declaraciones suyas aparecidas
últimamente en los medios de Comunicación
Social.
Madrid, 3 febrero 2006 (IVICON).-
En estos días han aparecido en algunos medios de
comunicación, declaraciones de Alejandro
Fernández Barrajón, Presidente de la Conferencia
Española de Religiosos (CONFER). El
religioso, queriendo precisar algunas
interpretaciones a sus palabras, ha emitido el
siguiente comunicado que reproducimos en su
totalidad:
“Mis declaraciones a El País y a ABC, el pasado
día 1 de febrero, han suscitado una viva
polémica que me llega cada día en forma de
e-mail, de llamada o de carta. Como es normal en
la pluralidad de la sociedad y de
la Iglesia unas son laudatorias, la
mayoría, y otras de rechazo frontal. Es lo
normal.
Desde la libertad que nos confiere nuestra
dignidad de hijos de Dios quiero compartir mis
inquietudes más personales acerca del tema que
más polémica ha suscitado: el sacerdocio y la
homosexualidad.
El diario ABC ponía un titular muy sugestivo
para incitar a la lectura pero muy poco fiel a
mi exposición ante los periodistas de la APRI.
Ni CONFER ni yo mismo pedimos a la Iglesia que ordene a los homosexuales. Primero porque
no nos compete y segundo porque dicho así genera
más confusión que claridad en la opinión
pública.
Se me planteó en aquella comida de trabajo si
pensaba que la Iglesia discriminaba a los homosexuales a la hora de
acceder al sacerdocio. Respondí, como no podía
ser de otra manera, que
la Iglesia no desea
discriminar a nadie por su raza, su religión o
su orientación sexual. Esto produjo una
verdadera sorpresa porque parece que lo que la
gente tiene claro es que
la Iglesia
margina a los homosexuales. Sin embargo con mi
afirmación no estaba diciendo nada de mi cosecha
personal. Estaba simplemente haciéndome eco del
documento de
la Iglesia llamado: “Instrucción
sobre los criterios de discernimiento vocacional
en relación con las personas de tendencias
homosexuales antes de su admisión al seminario y
a las órdenes sagradas” Allí se dice
textualmente que “Estas personas
(homosexuales) deben ser acogidas con respeto y
delicadeza; respecto a ellas se evitará toda
discriminación injusta”.
Por tanto no estaba yo diciendo nada original o
propio cuando afirmaba que la Iglesia no discrimina, ni
quiere discriminar a nadie por su orientación
sexual. Sigo al pie de la letra la orientación
del documento vaticano sobre la admisión al
sacerdocio y homosexualidad.
Y añadía, a renglón seguido, que lo fundamental
no es la orientación sexual sino la madurez
sexual y afectiva con la que tienen que asumirse
las distintas vocaciones. En esa madurez es
donde hay que insistir para seleccionar a los
candidatos al sacerdocio o a la vida religiosa.
No es evangélico condicionar a la persona por su
orientación sexual. Jesús no lo haría.
Y aquí se ha generado toda la polémica, a mi
manera de ver estéril y sin fundamento.
Por una parte se percibe un interés especial en
enfrentarme con el Vaticano, de lo contrario
difícilmente se entiende un titular en El País
como éste: Fernández Barrajón dice que Jesús
no asumiría la actitud de Roma ante la
homosexualidad. Y por otra parte parece que
se quiere separar mi opinión de la opinión de la
iglesia como si yo quisiera hacer oposición.
Pues no; ni una cosa ni la otra.
Es verdad que siento que en el tema de la
homosexualidad hemos de ser muy cuidadosos y
sensibles en
la Iglesia.
Nuestras posturas pueden acarrear
mucho sufrimiento a muchos creyentes
homosexuales que quieren vivir su fe con
coherencia y con hondura y encuentran un montón
de incomprensiones y desprecios entre los
creyentes y fuera de ellos. Aún defendiendo y
proponiendo nuestros valores con humildad y
fraternidad no hemos de caer en la trampa fácil
de enfrentarnos a los distintos colectivos
sociales que tienen otra visión distinta de la
nuestra en estos temas morales.
Resulta admirable ese deseo del Papa en la
encíclica Dios es amor cuando dice que
nuestra misión es iluminar la razón y la Iglesia no quiere ni puede
sustituir al Estado. Sólo desde esta humildad
podemos iluminar con nuestros valores, los del
Evangelio, la conciencia y la razón de nuestra
sociedad. Y hemos de hacerlo con extrema
caridad, con amor, con misericordia.
Por si hubiera alguna duda, y alguien se dejara
llevar más de los titulares de los diarios que
de mis propias palabras, quiero afirmar que
siento al unísono con la Iglesia en sus directrices
sobre la formación de los sacerdotes y la
homosexualidad, y que no está entre mis planes
criticar a los obispos por salir a la calle. Mis
prioridades, más bien quieren centrase en
trabajar la comunión, en buscar caminos para
avanzar juntos, obispos, sacerdotes, religiosos
y laicos, trabajando nuestras relaciones para
que sean cada día más expresión del deseo de
unidad de Jesús. “Padre, que sean uno para que
el mundo crea”.
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