UN ENEMIGO LLAMADO COLESTEROL


Hoy ha venido a la consulta José. Tiene 44 años y sufrió un infarto de miocardio el año pasado. El susto fue grande, él lo recuerda con angustia. Hasta ese día, el del infarto, José nos visitaba poco, sólo si se martilleaba algún dedo en el taller o se cegaba con la autógena, como él decía.
José no tenía la tensión alta, que él supiera, claro. No era bebedor excesivo de alcohol, un par de "cubatillas" los fines de semana, alega. No se había hecho una analítica en su vida y como mucho, sufría algún que otro catarro sin interés. La analítica de urgencias revela la causa de tan grave acontecimiento a tan temprana edad: el colesterol, una cifra total de 320 mg/dl y un HDL de 25 mg/dl en sangre.

¿Qué significa esto? Estamos ante el enemigo número uno, junto con el tabaco, de los problemas de salud más relevantes del siglo XXI.

¿Cómo actúa el colesterol patológico? Cuando las cifras se disparan por encima de lo normal sucede algo parecido al símil del paso de aceite de freir tocino por una tubería de plástico, llegará un momento en el que dicha tubería tendrá tal adherencia de grasa saturada que su luz se obstruya. Eso mismo sucede con los vasos sanguíneos ante la saturación excesiva de colesterol en sangre. El resultado: infarto de miocardio, accidentes cerebrovasculares, etc.
¿Qué es el colesterol? Este siniestro enemigo es una grasa, lípido, que circula por nuestros vasos sanguíneos, necesario para nuestro organismo, por otra parte, ya que es el responsable de recubrir y proteger muchos de nuestros órganos vitales, digamos el riñón, por ejemplo. Dicho colesterol se subdivide en varios tipos, uno de ellos es el HDL. Este último es un buen aliado, ya que manteniéndose en sus cifras normales, disminuye considerablemente el riesgo de daño del colesterol total.
¿Qué se considera cifra normal de colesterol? Pues depende. Digamos que como rango normal se considera no superar 240 mg/dl y un HDL no inferior a 40 mg/dl. Estos valores se aplican a un adulto joven, sin otros factores de riesgo como hipertensión, diabetes, obesidad y tabaquismo, sobre todo este último.
El tabaco, unido al colesterol, es una bomba de relojería que tarde o temprano tendrá que explotar.
El hecho de ser mujer en edad fértil disminuye el riesgo cardiovascular, está demostrado que las hormonas femeninas mantienen estables los niveles de colesterol.

 

Pongo un ejemplo: un colesterol de 260 mg/dl, con un HDL de 55 mg/dl, en un varón de 40 años, no fumador ni hipertenso, tiene un riesgo mucho menor que un colesterol de 220 mg/dl, con un HDL de 30 mg/dl, es decir, por debajo de los límites normales, en un varón de la misma edad y fumador de 10 cigarrillos/día. El riesgo de este segundo es considerablemente mayor.

¿Qué está sucediendo si, a pesar de la dieta y ejercicio, las cifras no bajan?El colesterol circulante se produce de dos formas, el que se ingiere en la dieta, llamado exógeno y el que produce nuestro propio organismo por diferentes vías de sintetización u otros mecanismos extensos y aburridos de explicar, al que llamamos endógeno. Digamos que es fácil de controlar el que depende de comer o no una cosa u otra, es decir, el exógeno. El endógeno, desgraciadamente no siempre depende de la disminución de grasas saturadas en la dieta, sino que en muchos casos está relacionado con factores hereditarios que sólo cabe la posibilidad de controlar con el fármaco adecuado. El abordaje terapéutico dependerá del conjunto de factores de riesgo cardiovasculares que reúna cada persona, comenzando siempre con dieta y ejercicio, lo que implica un cambio en el estilo de vida.

¿Qué alimentación es la recomendada? José cambió sus hábitos de vida. Su dieta, dice chistoso, es como la de la Schiffer, mucha agua, poca sal y verde todo el día,. "No seas tan trágico, José", le digo yo, "dieta mediterránea" le reitero, pero no hagamos sinónimo de dieta mediterránea el chorizo, morcilla y oreja de cerdo en las judías. Mediterránea significa legumbres, cereales, frutas, verduras, hortalizas, pescado azul y sobre todo, nuestro oro líquido, el aceite de oliva. Una gran variedad inteligentemente cocinada.

¿Qué ejercicio se debe hacer?. José tenía 43 años cuando sufrió el infarto, tenía sobrepeso, aunque no era obeso, pero lo del deporte no era lo suyo. Para una persona no habituado al ejercicio diario, una sobrecarga de éste sería un riesgo añadido, por lo tanto el mejor ejercicio diario y accesible a todo el mundo es caminar, al menos una hora al día. José camina a diario, sin llegar a cansarse, sólo deja de caminar si hace mal tiempo, pero ya lo solucionó él comprándose una bicicleta estática.
 

 

José ahora lleva una vida tranquila, demasiado tranquila, dice él, para sus 44 años, pero no está dispuesto a peder la guerra, el colesterol sólo le ganó una batalla, ahora lo tiene bajo control. El sabe que ha pagado un alto precio, porque su miocardio sólo rinde al 40% de su capacidad, pero no está dispuesto a perder su preciada vida.
Recordemos: una dieta sana, un paseíto diario, un adiós al tabaco y una consulta a su médico de cabecera si nunca se hizo una analítica. Si está bien dicha analítica, no se obsesione, viva la vida que son dos días. Si su colesterol está elevado, haga lo posible por mantener su salud, es un preciado tesoro.
Hago un inciso para concluir diciendo que este artículo lleva escrito dos meses, no llevaba dedicatoria, hoy sí. A mi colega de profesión y amigo Eugenio Vera, esperando su pronta recuperación.

 

Mª del Carmen López García. ( Diplomada universitaria en enfermería)